Pese a mis disturbios, pese a todo lo malo que me había pasado, ya me sentía mucho más grande, con expectativas diferentes, mi habitación cada vez empeoraba más su color y todos los días la encontraba más fea, pero tampoco hacía nada, el tiempo guardado me hacía sentir un idiota, si bien ni estudiaba para fin de año, sólo bastaba con ir al colegio que me tocó y decirle a la secretaría que le daba cinco mil pesos y me entregaba todas las pruebas corregidas. Mi vida siempre ha sido una truculencia, al menos aprendí ha serlo, eso sería como un plus, siempre consigo todo a cualquier costa.
Me recriminaran y seguramente dirán POR QUÉ!!, pero la promesa que hice al no volver a conocer más personas por Internet nunca la cumplí, pero fui cauteloso, mucho más que hace algún tiempo atrás, pero si algo agradezco hoy en día es haber podido conocer a mi mejor amigo por este enredo de cables. Uno de los tantos días que conocía a personas, llegó a mi vida Alonzo, todo un personaje y yo lo hacía más atractivo el asunto, pues le pedía constantemente que me llamara por teléfono y él me enviara besos por teléfono era algo así.
-Con tono dormido… Alonzo, ¿me puedes tirar un beso?
-Estás loco, yo no hago esas huevas
-Pero por favor, si te lo estoy pidiendo yo, no tiene nada de malo
-No Benja, como se te ocurre, lo encuentro una estupidez
-Bueno.
-Ya bueno- y lanzaba el beso, que me imaginaba que ese sonido cruzaba kilómetros por un cablecito y llegaba a mi oído.
Alonzo era de Talca, pero estudiaba Psicología en la universidad USACH, creo que en aquella época iba recién en primero. Al tiempo después, pudimos tener nuestro primer encuentro, en mi mente yo y el sabíamos que nunca iba a pasar nada, teníamos un encanto agradable, de esos que tu sabes que se dan sólo una vez en la vida, pero pese a ese sentimiento también me podía equivocar. Llegó el momento de conocerlo, lo esperé en metro Baquedano, en el encuentro del carrete, Plaza Italia en la tele pizza, yo iba en dirección a una discoteca “Bokhara”, caminamos juntos en esa dirección, y mientras caminaba y husmeaba en su bolso de color negro, se le iban cayendo billetes de diez miel pesos y yo se los recogía, con risas sabía que no me había equivocado y que nunca más me iba a separar de él.
Entre platicas y risas, llegamos al lugar, según el, su primera vez, avanzó la noche y también avanzo la amistad, fue ese día en que siento que tengo algo porque luchar y porque crecer y creer. Las salidas se hacían mas frecuentes, y fuimos capaces de carretear 6 días seguido sin parar, pesé a que era mi época de soltura, y donde lo único que me importaba era carretear y conocer hombres, siento de alguna forma que yo lleve a Alonzo por ese camino, pero también espero que él se sienta agradecido de poder abrirle los ojos a mi manera, lo que yo había vivido y mi experiencia frente a los homosexuales, lamentablemente creo que he sido capaz de avanzar libremente con personas lindas cuya suerte no la ha tenido él.
Tengo tantos recuerdos con él, que podría crear una memoria completa junto a él, mis experiencias infinitas, locuras, y pensamientos absurdos eran nuestro aliado, solo éramos yo y él, no cabía espacio para nada más, y pese a que nadie podía entendernos, nosotros no necesitábamos contarnos las cosas, porque bastaba con resumir nuestros secretos para poder sentirnos en los zapatos del otro, recuerdo claramente aquella noche en una discoteca, bailando, cuando me dice:
-Benja, ¿porque no te agarras a un mino para que nos de copete?
-Pucha ya, todo sea por entretención.
No teníamos la necesidad de hacer eso, porque salíamos regularmente con treinta mil pesos para salir a bailar, pero lo hacíamos por entretención, para nosotros eso era una nueva experiencia, me hice tan cercano a él, que yo no lo dejaba ningún momento solo, si me iba a besar a un hombre, les decía antes.
-¿Sabes, somos dos, te tinca?
Y ningún hombre diría que no, pero Alonzo siempre me mandaba a mi a idear todos estos planes, siento que tengo más llegada con los hombres, o no se, según el, la belleza es todo, y aunque tenga el ego por el suelo, siempre trato de no marcar ninguna diferencia, y le digo – Alonzo, yo no soy bonito, o puede que si, pero tu tienes la inteligencia y yo la belleza (aunque suene de manera egocéntrica, no encuentro que sea cierto, porque Alonzo no es feo), pero prefería decirle eso, eso lo haría más autentico.
Retomo lo anterior, ya había tenido la posibilidad de conocer a aquel hombre que yo sabía exactamente que me daría todo lo que quisiera, y en la pista de baile me miraba, me acerqué y le dije.
-¿Quieres bailar con nosotros? – Con el tono alto debido a la música.
-Bueno- respondió él, con un acento que no pude descifrar en aquel momento.
Tenía claro lo que quería con él, no me sentía atraído por él, simplemente porque se notaba un hombre mayor, (aproximadamente 25 años), comenzamos a bailar y Alonzo me susurra al oído. – Ya po Benja, comételo que estoy cansado de bailar- Mi respuesta fue inmediata, las luces estroboscopias me hacían verme moverme lento y los colores estallaban en mi, me sentía un poco mareado por el alcohol, no lo pensé dos veces y actué, lo besé y luego hice que besara a Alonzo, su pene frecuentaba nuestras rodillas, o al menos yo pensaba que eso trataba de hacer, rozar su pene con nuestras piernas, luego de bailar unos acalorados quince minutos, Alonzo me pide que le diga que tenemos sed, y se lo dije, y me indica que vamos a la barra.
-Ustedes tienen aspecto de ser chicos de Barcelona.
-Ah, muchas gracias, pero somos Chilenos.
-No sabía que en Chile se veían estas maravillas.
Nos compró un trago que costaba en aquella época tres mil quinientos pesos, bastante caro, pero sabíamos que nuestro nuevo mejor amigo sería el WC, la noche transitaba rápida y mi mareo se hacía tan pronunciado que llegó hasta que me emborraché, Alonzo estaba en las mismas, era curioso que estando en un estado etílico alto, podíamos cuidarnos de todo y de todos, nuestro hombre de MIAMI iba y venía, tenía una pasión por la limpieza y la anti-transpiración, iba a su automóvil cada cierto tiempo a cambiarse de camisa, nosotros nos reíamos de el mientras lucía sus nuevos atuendos, al rato después lo dejamos solo, pero nos creaba un conflicto poder tomar la micro, (que por lo demás no pasaba nunca) así que fui en busca de él nuevamente, estaba en esa misma barra, conversando con otro de los nuestros, era un chico lindo, pelo castaño claro, ojos verdes, y facciones lindas, nada de macho, le pedí disculpas por meterme en esa conversación y le dije al tipo de MIAMI, que nos fuéramos, así fue, caminamos a su automóvil, y nos dice:
-¿Qué edad creen que tengo yo? – con tono desafiante.
-Nos reímos, yo de inmediatamente dije, no se, ¿veinticinco? – sabía que tenía más, pero no podía cortarle su ilusión de verse menos.
-Alonzo respondió después, yo creo que tienes veintisiete, asegurando su respuesta.
-No, yo tengo cuarenta y siete.
Nuestra cara de asombro se hizo notar, a lo que rápidamente acudí a decir, pero te vez demasiado joven, (y así era), pero ni siquiera nos importó su edad, subimos a su automóvil, era un Hyundai color rojo, nos invitó a comer, pasamos a un restaurante, Alonzo como buen vegetariano sólo comió arroz con papas fritas, y yo como buen carnívoro comí arroz con pollo, él sólo nos miraba y disfrutaba de una cerveza, luego salimos del recinto, y nos fuimos camino a casa de Alonzo, paradero diecinueve de Avenida la Florida, bastante lejos de donde estábamos, en ese momento, nunca pensé en que podría pasar después, ¿teníamos que pagar con sexo?, ¿o simplemente se iría después de ir a dejarnos?. Llegamos a casa de Alonzo, estábamos demasiado cansados, yo al menos lo único que quería en aquel momento era una cama, no precisamente para batir mi cuerpo con el de otro hombre, sino dormir. Me recosté en nuestra cama, una cama de dos plazas legalmente del hermano de Alonzo, y dije:
-Alonzo ¿me puedes traer un café?
-Si Benja, te lo llevo luego. Gritó desde la cocina. Me quedé dormido esperando el café que había pedido, no se si pasaron horas o minutos, pero cuando Alonzo llegó con el café, el hervidor estaba helado, supuse inmediatamente que había pasado tiempo desde el tiempo de ebullición del hervidor, pregunte rápidamente.
-¿Te acostaste con él?
-Nada es gratis en esta vida amigo- respondió rápidamente.
Por mi parte sólo existían risas, me tomé el café de un sólo trago, y Alonzo me dice:
-Benja, anda a acostarte con él
-No, estás loco, no quiero
-Ya durmámonos- le dije.
Al día siguiente yo tenía que irme a mi casa, y Alonzo a estar con su familia en Talca, desperté con un dolor de cabeza que me impedía pensar, pero me levanté y apareció el señor de MIAMI, pidiendo una toalla para poder ducharse, lamentablemente nosotros nunca nos duchábamos a no ser cuando estábamos todo un fin de semana ahí, yo le respondí:
-Pero cómo, encuentro absurdo que te vayas a duchar, si ya nos vamos, nosotros solamente estábamos cuidando esta casa, y ahora nos vamos.
-¿Ustedes no se duchan entonces?
Nos miramos de reojo con Alonzo y lanzamos risitas de esas que delatan a cualquiera. –Si nos duchamos, pero esta vez es diferente porque ya nos vamos-
-Bueno, yo no se como irme a Melipilla- respondió confuso con su acento extranjero. Le di las indicaciones de cómo poder llegar hasta Melipilla, cuyo lugar es lejano de la ciudad, pero antes de eso pensé, que pasaría cerca de mi casa, así que nos fuimos con él, mientras Alonzo dejaba las maletas en el auto, yo paveaba, de pronto Alonzo me grita:
-Benja, huevón anda a ver mis cosas, capaz que este hombre se vaya con mis cosas y tú muy relajado ahí. Me dirigí al automóvil, y me senté en el asiento del copiloto, estábamos conversando, me convencía de irnos a Viña del Mar, al hotel O’Higgins con todos los gastos pagados, incluso con habitaciones separadas, él buscaba un guía turístico, y que mejor un guía que fuera All Inclusive, en algún momento del camino lo pensé, lo trepador lo he heredado de mi madre, pero mis valores estuvieron en píe, o más bien los pocos valores que me van quedando con el tiempo. Recibí su tarjeta, de pronto llegamos al paradero veinticinco de Gran Avenida y nos bajamos, en esos tiempos estaban arreglando la calle, no existía el metro tampoco, el sol golpeaba mis ojos, y tenía tanto sueño como la noche anterior, mi cuerpo estaba cansado y obviamente me sentía sucio, Alonzo tomó la micro que lo llevaba al Terminal de buses y yo crucé y tomé un colectivo que me llevaba a mi casa, nunca más vimos al hombre de MIAMI, creo haberle enviado un par de correos electrónicos, pero con el pasar del tiempo perdimos contacto.
Me recriminaran y seguramente dirán POR QUÉ!!, pero la promesa que hice al no volver a conocer más personas por Internet nunca la cumplí, pero fui cauteloso, mucho más que hace algún tiempo atrás, pero si algo agradezco hoy en día es haber podido conocer a mi mejor amigo por este enredo de cables. Uno de los tantos días que conocía a personas, llegó a mi vida Alonzo, todo un personaje y yo lo hacía más atractivo el asunto, pues le pedía constantemente que me llamara por teléfono y él me enviara besos por teléfono era algo así.
-Con tono dormido… Alonzo, ¿me puedes tirar un beso?
-Estás loco, yo no hago esas huevas
-Pero por favor, si te lo estoy pidiendo yo, no tiene nada de malo
-No Benja, como se te ocurre, lo encuentro una estupidez
-Bueno.
-Ya bueno- y lanzaba el beso, que me imaginaba que ese sonido cruzaba kilómetros por un cablecito y llegaba a mi oído.
Alonzo era de Talca, pero estudiaba Psicología en la universidad USACH, creo que en aquella época iba recién en primero. Al tiempo después, pudimos tener nuestro primer encuentro, en mi mente yo y el sabíamos que nunca iba a pasar nada, teníamos un encanto agradable, de esos que tu sabes que se dan sólo una vez en la vida, pero pese a ese sentimiento también me podía equivocar. Llegó el momento de conocerlo, lo esperé en metro Baquedano, en el encuentro del carrete, Plaza Italia en la tele pizza, yo iba en dirección a una discoteca “Bokhara”, caminamos juntos en esa dirección, y mientras caminaba y husmeaba en su bolso de color negro, se le iban cayendo billetes de diez miel pesos y yo se los recogía, con risas sabía que no me había equivocado y que nunca más me iba a separar de él.
Entre platicas y risas, llegamos al lugar, según el, su primera vez, avanzó la noche y también avanzo la amistad, fue ese día en que siento que tengo algo porque luchar y porque crecer y creer. Las salidas se hacían mas frecuentes, y fuimos capaces de carretear 6 días seguido sin parar, pesé a que era mi época de soltura, y donde lo único que me importaba era carretear y conocer hombres, siento de alguna forma que yo lleve a Alonzo por ese camino, pero también espero que él se sienta agradecido de poder abrirle los ojos a mi manera, lo que yo había vivido y mi experiencia frente a los homosexuales, lamentablemente creo que he sido capaz de avanzar libremente con personas lindas cuya suerte no la ha tenido él.
Tengo tantos recuerdos con él, que podría crear una memoria completa junto a él, mis experiencias infinitas, locuras, y pensamientos absurdos eran nuestro aliado, solo éramos yo y él, no cabía espacio para nada más, y pese a que nadie podía entendernos, nosotros no necesitábamos contarnos las cosas, porque bastaba con resumir nuestros secretos para poder sentirnos en los zapatos del otro, recuerdo claramente aquella noche en una discoteca, bailando, cuando me dice:
-Benja, ¿porque no te agarras a un mino para que nos de copete?
-Pucha ya, todo sea por entretención.
No teníamos la necesidad de hacer eso, porque salíamos regularmente con treinta mil pesos para salir a bailar, pero lo hacíamos por entretención, para nosotros eso era una nueva experiencia, me hice tan cercano a él, que yo no lo dejaba ningún momento solo, si me iba a besar a un hombre, les decía antes.
-¿Sabes, somos dos, te tinca?
Y ningún hombre diría que no, pero Alonzo siempre me mandaba a mi a idear todos estos planes, siento que tengo más llegada con los hombres, o no se, según el, la belleza es todo, y aunque tenga el ego por el suelo, siempre trato de no marcar ninguna diferencia, y le digo – Alonzo, yo no soy bonito, o puede que si, pero tu tienes la inteligencia y yo la belleza (aunque suene de manera egocéntrica, no encuentro que sea cierto, porque Alonzo no es feo), pero prefería decirle eso, eso lo haría más autentico.
Retomo lo anterior, ya había tenido la posibilidad de conocer a aquel hombre que yo sabía exactamente que me daría todo lo que quisiera, y en la pista de baile me miraba, me acerqué y le dije.
-¿Quieres bailar con nosotros? – Con el tono alto debido a la música.
-Bueno- respondió él, con un acento que no pude descifrar en aquel momento.
Tenía claro lo que quería con él, no me sentía atraído por él, simplemente porque se notaba un hombre mayor, (aproximadamente 25 años), comenzamos a bailar y Alonzo me susurra al oído. – Ya po Benja, comételo que estoy cansado de bailar- Mi respuesta fue inmediata, las luces estroboscopias me hacían verme moverme lento y los colores estallaban en mi, me sentía un poco mareado por el alcohol, no lo pensé dos veces y actué, lo besé y luego hice que besara a Alonzo, su pene frecuentaba nuestras rodillas, o al menos yo pensaba que eso trataba de hacer, rozar su pene con nuestras piernas, luego de bailar unos acalorados quince minutos, Alonzo me pide que le diga que tenemos sed, y se lo dije, y me indica que vamos a la barra.
-Ustedes tienen aspecto de ser chicos de Barcelona.
-Ah, muchas gracias, pero somos Chilenos.
-No sabía que en Chile se veían estas maravillas.
Nos compró un trago que costaba en aquella época tres mil quinientos pesos, bastante caro, pero sabíamos que nuestro nuevo mejor amigo sería el WC, la noche transitaba rápida y mi mareo se hacía tan pronunciado que llegó hasta que me emborraché, Alonzo estaba en las mismas, era curioso que estando en un estado etílico alto, podíamos cuidarnos de todo y de todos, nuestro hombre de MIAMI iba y venía, tenía una pasión por la limpieza y la anti-transpiración, iba a su automóvil cada cierto tiempo a cambiarse de camisa, nosotros nos reíamos de el mientras lucía sus nuevos atuendos, al rato después lo dejamos solo, pero nos creaba un conflicto poder tomar la micro, (que por lo demás no pasaba nunca) así que fui en busca de él nuevamente, estaba en esa misma barra, conversando con otro de los nuestros, era un chico lindo, pelo castaño claro, ojos verdes, y facciones lindas, nada de macho, le pedí disculpas por meterme en esa conversación y le dije al tipo de MIAMI, que nos fuéramos, así fue, caminamos a su automóvil, y nos dice:
-¿Qué edad creen que tengo yo? – con tono desafiante.
-Nos reímos, yo de inmediatamente dije, no se, ¿veinticinco? – sabía que tenía más, pero no podía cortarle su ilusión de verse menos.
-Alonzo respondió después, yo creo que tienes veintisiete, asegurando su respuesta.
-No, yo tengo cuarenta y siete.
Nuestra cara de asombro se hizo notar, a lo que rápidamente acudí a decir, pero te vez demasiado joven, (y así era), pero ni siquiera nos importó su edad, subimos a su automóvil, era un Hyundai color rojo, nos invitó a comer, pasamos a un restaurante, Alonzo como buen vegetariano sólo comió arroz con papas fritas, y yo como buen carnívoro comí arroz con pollo, él sólo nos miraba y disfrutaba de una cerveza, luego salimos del recinto, y nos fuimos camino a casa de Alonzo, paradero diecinueve de Avenida la Florida, bastante lejos de donde estábamos, en ese momento, nunca pensé en que podría pasar después, ¿teníamos que pagar con sexo?, ¿o simplemente se iría después de ir a dejarnos?. Llegamos a casa de Alonzo, estábamos demasiado cansados, yo al menos lo único que quería en aquel momento era una cama, no precisamente para batir mi cuerpo con el de otro hombre, sino dormir. Me recosté en nuestra cama, una cama de dos plazas legalmente del hermano de Alonzo, y dije:
-Alonzo ¿me puedes traer un café?
-Si Benja, te lo llevo luego. Gritó desde la cocina. Me quedé dormido esperando el café que había pedido, no se si pasaron horas o minutos, pero cuando Alonzo llegó con el café, el hervidor estaba helado, supuse inmediatamente que había pasado tiempo desde el tiempo de ebullición del hervidor, pregunte rápidamente.
-¿Te acostaste con él?
-Nada es gratis en esta vida amigo- respondió rápidamente.
Por mi parte sólo existían risas, me tomé el café de un sólo trago, y Alonzo me dice:
-Benja, anda a acostarte con él
-No, estás loco, no quiero
-Ya durmámonos- le dije.
Al día siguiente yo tenía que irme a mi casa, y Alonzo a estar con su familia en Talca, desperté con un dolor de cabeza que me impedía pensar, pero me levanté y apareció el señor de MIAMI, pidiendo una toalla para poder ducharse, lamentablemente nosotros nunca nos duchábamos a no ser cuando estábamos todo un fin de semana ahí, yo le respondí:
-Pero cómo, encuentro absurdo que te vayas a duchar, si ya nos vamos, nosotros solamente estábamos cuidando esta casa, y ahora nos vamos.
-¿Ustedes no se duchan entonces?
Nos miramos de reojo con Alonzo y lanzamos risitas de esas que delatan a cualquiera. –Si nos duchamos, pero esta vez es diferente porque ya nos vamos-
-Bueno, yo no se como irme a Melipilla- respondió confuso con su acento extranjero. Le di las indicaciones de cómo poder llegar hasta Melipilla, cuyo lugar es lejano de la ciudad, pero antes de eso pensé, que pasaría cerca de mi casa, así que nos fuimos con él, mientras Alonzo dejaba las maletas en el auto, yo paveaba, de pronto Alonzo me grita:
-Benja, huevón anda a ver mis cosas, capaz que este hombre se vaya con mis cosas y tú muy relajado ahí. Me dirigí al automóvil, y me senté en el asiento del copiloto, estábamos conversando, me convencía de irnos a Viña del Mar, al hotel O’Higgins con todos los gastos pagados, incluso con habitaciones separadas, él buscaba un guía turístico, y que mejor un guía que fuera All Inclusive, en algún momento del camino lo pensé, lo trepador lo he heredado de mi madre, pero mis valores estuvieron en píe, o más bien los pocos valores que me van quedando con el tiempo. Recibí su tarjeta, de pronto llegamos al paradero veinticinco de Gran Avenida y nos bajamos, en esos tiempos estaban arreglando la calle, no existía el metro tampoco, el sol golpeaba mis ojos, y tenía tanto sueño como la noche anterior, mi cuerpo estaba cansado y obviamente me sentía sucio, Alonzo tomó la micro que lo llevaba al Terminal de buses y yo crucé y tomé un colectivo que me llevaba a mi casa, nunca más vimos al hombre de MIAMI, creo haberle enviado un par de correos electrónicos, pero con el pasar del tiempo perdimos contacto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario