jueves, 7 de mayo de 2009

...Caos-

Me encuentro sentado en mi banco, y observo que todos se burlan de mi, no quería entender ni tampoco me defendía, anteriormente había pasado por algo parecido, pero nunca como esto, me sentía mal y me hacía el fuerte, él que no le importaba nada, era mucho más fácil poner una coraza en vez de ser el llorón, ésta situación sucedía a diario y no me cansaba, a ratos me sentía hasta un poco más importante que el resto, palabras crueles como “hueco” y “maricón” me resbalaban, pero también dolían mucho, siempre pasaba más tiempo con mujeres, pero yo no sentía que era un niño “raro” como me habían nombrado anteriormente, me encontraba totalmente normal, pero muchas veces pensé en que probablemente no era tan normal ser yo, pues si todas las personas me encontraban un bicho raro, algo extraño estaba pasando en mí.
Pasaba harto tiempo junto a Dyana, un día me ofreció un medicamento llamado Diasepam para calmarme, y consumí varias veces este medicamento, yo no se que pasaba por mi cabeza en aquellos tiempos, quizás pensaba que con eso me podía drogar o que se yo, pero era un niño y lo más seguro es que no tenía ni idea de lo que hacía y mucho menos de lo que pasaba a mi alrededor.
Un día tuvimos la genial idea, junto a Dyana, de darles a todos nuestros compañeros incluyéndonos, así fue como se armó un caos en el colegio, se citó a comité a todos los profesores porque supuestamente estaba todo nuestro curso drogado, uno de nuestros compañeros nos delató, pero como yo soy tan inteligente no consumí aquel día, era demasiado gracioso ver a todo el curso durmiendo, y los profesores estaban atacados pensando en drogas, aunque hoy entendiendo que las Diasepam son drogas, pero nunca tan fuertes como otras, nos citarón a hablar con el director del colegio, pero a mi no me pasó nada, pues lo negué todo, y le ofrecí mis ojos para que viera que estaba sano, aquel día salimos temprano, mi amiga Dyana fue expulsada del colegio y me quedé sólo, sentía un poco de culpa porque yo también era responsable de todo ese despelote y nunca lo asumí, la tía del furgón que me venía a buscar y a dejar le contó a mi madre lo que había pasado, pero mi madre se reía mientras yo era igual de responsable que mi amiga. Mi madre luego me retó y me explicó que esas cosas eran malas, que tenía que juntarme con gente buena y que yo era un niño de bien, me encontré sólo en clases y tuve que buscar nuevos amigos, que ya lo eran, pero tenía que afiatarme mucho más a ellos, así que nuevamente me juntaba con niñas, un día en educación física estaba sentado en una banca, llegó un compañero a decirme que si se lo podía “chupar”, era mucho ya, me corrí y me fui al cuarto piso a llorar, me sentía tan triste de que la gente se empeñara en tratarme de una forma la cual yo no me sentía, estaba algo ahogado con todo lo que pasaba, ni siquiera me atrevía a contarle ni a mis propios amigos, y qué amigos si tampoco tenía, mis padres nunca sospecharon nada de lo que pasaba, aunque yo creo que si, los padres siempre prefieren hacerse los tontos y enterrar lo malo y resaltar lo bueno, por eso creo que son padres, yo ya comenzaba a acostumbrarme a las burlas y a los insultos, sentía que nada me afectaba, seguía con mi vida normal y ansiaba las ganas de que terminara el año para poder retirarme e irme.
Uno de los días más terrible fue que me encontraron marihuana en mi billetera, creo que fue un día que hice la cimarra y además me pillaron, tuve mala suerte o quizás era poco inteligente en esa época, pero bueno, me sentía tan cansado de todo que le eché la culpa a un amigo, lógicamente me creyeron y acá cuento la verdad, era mío, y creo que ni siquiera consumía marihuana, pero el ambiente en que me encontraba era tan tóxico que el que tenía al menos marihuana era bacán, yo sólo quería ser uno más de los bacanes, era como el gay bacán, nunca fue, pero yo lo creía, desde ese día toda mi vida cambió; me iban a buscar y a dejar al colegio, la desconfianza que existía entre mis padres y yo era demasiado grande, -es normal creo yo- pero me dolía porque me convencí de que la marihuana no era mía. Estuve prisionero de mi casa por largos cinco meses aproximadamente, luego todo se calmó, pero obviamente la desconfianza seguía, debido a todo este embrollo.
Fui nuevamente enviado al psicólogo; él era un hombre alto con barba y joven, las mismas preguntas de siempre, las misma orientaciones con una sola diferencia. “debes salir más con tú padre, hacer cosas de hombres, jugar a la pelota, elevar volantines etc.” Esto ya me estaba cansando, mis padres siguieron al pie de la letra todo lo que este caballero les decía, era tan fome ir a correr con mi padre, tres veces a la semana me llevaba cerca de Buin a jugar a la pelota con él, elevar volantines y toda la basura que le indicó el psicólogo, me aburría demasiado, nunca he tenido una relación agradable con mi padre, parte de todas mis penas los culpo a ellos, por estar presente, pero dejarme abandonado, aprendí a ser independiente aunque muchas personas no lo crean, la diferencia está en que ellos me entregan todo lo que quiero, cosas materiales no tengo nada que decir, pero quizás un abrazo, un te quiero o algo con afecto pocas veces en mi vida lo he recibido, los padres prefieren hacerse los locos frente a estas situaciones, pues es mucho más cómodo pensar que todo lo han hecho bien, si de algo aprendí de todo este proceso fue que quedé mucho más masculino y parece que en el fondo esto me sirvió de mucho, nunca fui un niño muy varonil, más bien, era bastante afeminado y aprendí, el tema de las drogas pasó a segundo plano y se enfocaron en buscarme un nuevo horizonte, mis padres estaban empeñados en que tuviera más actitudes masculinas para que en un futuro no tuviera problemas en los trabajos, amigos, familia etc. El psicólogo les indica que deben llevarme a un colegio de hombres, no tenía ganas, más bien nunca lo quise, me estaban enviando a una carnicería, tenía la sensación que me enviaban donde se sabe que llegaría muerto, lo sentía como el coliseo romano, o luchaba y moría con la frente en alto, o simplemente me retiraba y quedaba en vergüenza conmigo mismo.
Mi nuevo colegio se llamaba Andrés Bello, a pesar del elevado costo mensual que tenía este colegio siguieron los pasos del psicólogo, y así fue como llegue a mi primer día de clases, estaba tan asustado, todos eran niños, hablaban cosas de niños, se movían como niños y todo era un enfoque para hombres, pasó el tiempo y todo iba de mal en peor, como se me hace costumbre siempre juntarme con los peores alumnos del colegio una vez más lo hice, esta vez fue peor, tenía pocos amigos en el curso, creo que dos, y me juntaba con los que estaban en tercero medio, conocí el cigarro más en profundidad, era el ícono de burla de todo el colegio, ya me sentía aclimatado con esta situación, ya no me afectaba, siempre lo callé, nunca dije ninguna palabra a nadie de lo que estaba viviendo, mis padres tenían ganas de hacer que esto me sirviera, pero en el fondo todo esto me estaba matando, hacía muchas veces la cimarra, ya fumaba como un grande, las drogas empezaron a ser parte de mi vida estudiantil, y mi rebeldía interna era cada vez más grande, hasta el punto que me llevaran detenido por robo, pero gracias a mis padres tengo una cara de bueno y tierno que me dejaron ir, siempre he sido una persona influenciable, lo admito, siempre me he dejado llevar por quienes me rodean y esta vez hice todo mal, todo lo que mis padres me habían enseñado yo lo destruía y ellos me destruían a mi, quizás todo lo que hice fue en forma de castigo hacia ellos, por haberme hecho lo que yo sentía, un día hice la cimarra una semana completa, y el día viernes llaman por teléfono a mi madre para indicarle que tenía una citación junto al director del establecimiento, fue ahí donde le preguntan por qué no he ido al colegio, que si estaba enfermo, mi madre indica que si, que estoy enfermo, cuando ella sabe que yo no estaba enfermo, más bien estaba junto a mis amigos en alguna casa ocupa del sector.
Llego a casa, mi madre me pregunta como me fue en el colegio, le indico que bien, y comienza la discusión, el porqué les hago esto, y comienza a llorar, yo no sabía que hacer, no tenía ganas de contarle lo que me estaba pasando, no quería poder cargarles más problemas, pero sin querer les provocaba más, me comenta que tiene una citación para el día lunes, me extraña un poco porque yo la verdad siempre traté de lograr que nadie se diera cuenta de lo que me estaba ocurriendo.
Sufría demasiado, esto era una carnicería para mi, era el ícono de burlas del colegio, todos pasaban a llevar mis emociones, no entendía la situación, o más bien no quería verla, me dolía que mis padres me hubiesen hecho esto, me lanzaron a vivir una experiencia que no quise yo, mantenía rabia con mis padres, rencor el cual jamás olvidaré, pero fui capaz de sobrellevar todo esto a duras penas, y es por eso que no acostumbraba a ir al colegio, prefería estar en cualquier lugar antes de ser víctima de mis compañeros.

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